No puedo negar que escribo esta introducción de post con algo de nostalgia ya que la idea de este blog nació de mi viaje a Lima después de seis años fuera (Pueden recuperar los primeros pasos de Analista). Mi impresión fue tan brutalmente positiva que quise reflejarlo de alguna manera siguiendo después con otro tipo de temas, siempre relacionados con Lima y el Perú, y con la aportación de algunos amigos. Esta vez, mi hermano Pedro Patrón es el que aporta un texto por segunda vez. La razón no es cualquiera: y es que hacía tres años que no regresaba a Lima y ahora tiene aún más ganas de regresar, algo que desde hace un año tengo metido yo mismo en la cabeza. Sea como sea, creo que no hay mejor manera de “festejar” el primer año de Analista con un texto que se acerca mucho a su propio origen. Espero que los disfruten y sobre todo den sus propios comentarios. Gracias Patrón. Ahí les va…
He decidido volverme un pituco. Es más fácil. Y así soy más feliz. He vuelto al Perú después de 3 años, justo cuando se cumple una década de haberme ido a vivir al extranjero, primero a Estados Unidos y luego a España. Así que después de leer en los últimos anos sobre el milagro peruano, ya que el Perú es el país que más ha crecido en Latinoamérica en el ultimo lustro según la CEPAL, he podido comprobar con mis propios ojos que Lima es una ciudad en pleno desarrollo y embellecimiento (Lima está linda, reza un gran cartel que hay en el peaje de la carretera Panamericana, ¡que ya es autopista!).
Pero eso no es todo. Al Perú han llegado innumerables empresas extranjeras, que hoy dan el trabajo que no había para mi y mis contemporáneos cuando salimos de la universidad en 1997, y en la zona financiera de San Isidro (que antes no podíamos llamar así, pues eran sólo 4 edificios altos) lucen grandes rascacielos con gigantescos letreros luminosos de importantes marcas como Deloitte & Touche, KPMG o Scottia Bank.
El “chorreo” (distribución de la riqueza) finalmente ha llegado y se puede apreciar que en barrios de clase media-baja e incluso en algunos barrios marginales (“Pueblos Jóvenes”, los llamamos de cariño) que las construcciones mejoran e incluso algunos ya deben estar teniendo capacidad de ahorro, pues sus casas lucen flamantemente pintadas. En este sentido, algún perverso izquierdista me diría que eso es gracias a las remesas enviadas por familiares desde el extranjero (leí hace poco que cada día se van 900 peruanos a vivir al extranjero, según cifras de la Dirección de Migraciones), pero yo insisto en que con una tasa de inflación controlada alrededor del 4% si es posible que más gente tenga su “guardadito” pa’ su manito de pintura.
La construcción es uno de los sectores que mas ha crecido en los últimos tres años, lo que está cambiando la fisonomía de una ciudad tradicionalmente de casas; ¡se construyen edificios en cada esquina! Si desde el año 2001 las exportaciones (sobre todo las llamadas no tradicionales) crecieron exponencialmente, superando todas las metas trazadas por el gobierno anterior, el ladrillo ocupa ya uno de los primeros lugares en aporte al PBI del país, dando trabajo sostenible a muchísima gente. Las obras, además, son públicas y privadas, con lo que no sólo se beneficia la GCU (Gente Como Uno, en el argot de la gente como uno). Esto, según los expertos, es uno de los factores que nos esta haciendo menos dependientes del precio internacional de los minerales, que ha sido siempre nuestra gran fuente de ingresos y una solemne debilidad y dependencia de la coyuntura exterior.
Mi hermano Martín me pidió cuatro párrafos para la celebración del año de vida de Analista de Cuarta, pero él me perdonará algunos más para dedicárselos al turismo y la gastronomía. Sobre todo a ésta última, que se ha revolucionado de una manera que sólo algunos países pueden permitirse, gracias a tener materias primas de incomparable calidad. La comida peruana siempre ha sido exquisita, gracias a la biodiversidad del país y a la mixtura racial y cultural producto de las migraciones orientales, europeas o andinas y selváticas; pero sólo lo sabíamos nosotros y algún que otro turista despistado (bueno, miles). Pero, gracias a la iniciativa privada y al apoyo de los últimos dos gobiernos, la marca Perú se está difundiendo en todo el mundo y la comida peruana se ha reinventado a sí misma, vistiéndose de vanguardia para los paladares mas sofisticados, aunque con el sabor que siempre hemos reconocido.
Algún otro izquierdista aguafiestas me dirá que a provincias no llega el chorreo (en departamentos como Huancavelica la pobreza llega al 80%), que sigue habiendo una gran marginalidad en torno a las ciudades, que la pobreza se ha reducido sólo en Lima, y que los excluidos de siempre podrían volver a producir otro Ollanta Humala… Pero yo no me dejo desilusionar: mi hermano Eduardo estuvo en Trujillo para año nuevo y me contó que Ripley, Saga y Metro han abierto (¡finalmente!) ahí. La modernidad está llegando y seguirá chorreando mientras el Perú crezca al 8% como este ano y Miraflores siga tan linda como en la foto que ilustra esta nota.


