Una respuesta de Pedro Patrón…

Son muchos los comentarios que he recibido después de publicar mis primeros comentarios (algunos no salen en el blog). Sin embargo, hay uno que merece estar como post. Se trata de un texto de Pedro Patrón (con quien soy amigo -como él bien recuerda- desde hace 15 años). Creo que es una visión diferente y completa de Lima. Para leerlo completo deberán cliquear en “keep reading”. Disfrútenlo:

Decía un poeta peruano: “el Perú es Lima, Lima es el [bar] Mauri y el Mauri soy yo; por lo tanto, el Perú soy yo”. De alguna manera, se puede llegar a decir que el Perú es Lima, como de alguna manera las grandes capitales son la síntesis de sus países, sobre todo cuando casi un tercio de la población vive en la capital, más de 8 millones de personas; ese es el caso del Perú.

muni.jpgPara los que no lo conocen, Martín (por circunstancias familiares) ha vivido en el Perú sólo un tercio de su vida… casi como la relación entre la población limeña y la total del país. Y yo, coincidentemente, llevo ya cerca de un tercio de mi vida fuera del Perú, también por razones personales. Pero conozco poca gente que quiera al Perú y esté tan pendiente de él como Martín (¡¡¡hoy estaba escuchando un partido del Muni, su equipo, por la web de Ovación!!!)

De hecho, Martín y yo nos conocimos en la Universidad de Lima hace cerca de 15 años y nuestra amistad siempre ha tenido como uno de sus pilares nuestro amor a eso que podemos llamar “patria”, o que menos estereotipadamente podríamos definir como el lugar donde nuestras familias, nuestros amigos, nuestros colegios, nuestra universidad y nuestros inicios profesionales han marcado la manera como vemos el mundo. Aun hoy, después de haber vivido en varios países.

Pero en realidad Lima no es el Perú. El Perú no es Lima; ni mucho menos. Cuando se vuelve de provincias a Lima, uno tiene la sensación de estar llegando a una megaurbe cosmopolita y desarrollada. Y no es que la capital peruana se pueda comparar con Chicago, Hong Kong o Londres, sino que existe un abismo, cada vez mayor, entre aquélla y cualquier otro lugar del país.

Estéticamente hablando, siempre he pensado que si Francisco Pizarro hubiera llegado a Lima en su viaje conquistador entre abril y noviembre, en lugar de en enero, que es cuando además fundó la ciudad en 1535, probablemente habría cambiado de opinión sobre cuál sería la capital de la nueva colonia española. Para los que no han estado allí nunca, una manera de darse una idea de lo gris que puede llegar a ser esa ciudad, por la neblina permanente que cubre su cielo (panza de burro, le decimos), es leyendo Moby Dick.

Lima cambia mucho si se va en verano o en invierno (las únicas dos estaciones que tiene). El cielo celeste estival le da una alegría que pierde durante el resto del año. Pero para los que la queremos “con locura” (el 90% de la gente a la que le digo que volvería al Perú corriendo si tuviera la oportunidad y que Lima está cada vez más bonita, me dice que estoy loco, sospecho por no decirme otra cosa más insultante sobre mi inteligencia), la humedad intensísima del Callao es una señal inequívoca de haber llegado a ese lugar tan especial.

Lima, efectivamente, ha cambiado mucho en los últimos años. Se han sucedido desde los años 90 alcaldes, provinciales y distritales, que, después de que mi generación creciera viendo cómo muchos barrios se deterioraban inevitablemente, han ido recuperando espacios naturales, parques, alamedas, avenidas y construyendo obras de infraestructura que hacen que uno tenga la percepción, como la tuvo Martín, de que la ciudad se mueve y se pone más bonita.

Lima también es muy huachafa por muchos sitios; ¿pero qué ciudad grande no lo es de alguna manera? Lima también es caótica, por su tráfico, su crecimiento urbano descontrolado, por sus millones de personas (¡¡¡casi un tercio de la población total del país, atraído por las pocas oportunidades que ofrece frente a las casi nulas que hay en otros lugares del país!!!); ¿pero que ciudad grande no es caótica y no tiene un tráfico exasperante un martes cualquiera a las 6pm?

Creo que los que vivimos en el extranjero vemos a Lima con la condescendencia de alguien que sabe que se va a ir, es cierto, pero también la vemos crecer como a un sobrino que dejas como un niño de 10 años y al volver después de cinco encuentras como un adolescente a punto de acabar el colegio, con planes, con proyectos, crecido y cambiado.

Lima es una ciudad insegura y vertiginosa, pero no lo es más que muchas otras grandes capitales del mundo. Yo también he visto, como Martín, el verde de sus parques y la belleza de muchos sitios que parecían destinados a la decadencia y que han sido rescatados.

Creo, también, que ser optimista en un país con los problemas de pobreza y desigualdad como el Perú sería muy injusto; pero sí creo que hay que reconocer que parece que hay alguna cosa que se empieza a mover para mejor. Queda mucho por hacer, pero estoy muy contento de que al menos algo se haya hecho ya por ese lugar del que guardo algunos de los mejores momentos de mi vida, incluidos los pisco sours que se inventaron en el bar Mauri.

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6 comentarios en “Una respuesta de Pedro Patrón…

  1. Comento dos puntos, que me parecen inexactos. El poeta (Valdelomar) dijo: El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión soy yo… etc.

    Y justo hoy que se celebra el día del Pisco Sour, se sabe que la famosa bebida fue inventada por un gringo de nombre Morris. Al cabo de un tiempo dos de sus ayudantes trabajaron en el Maury y allí modificaron la receta y lo hicieron famoso.

  2. Recordando la frase de Valdelomar citada por Patricia, creo que la versión completa es la siguiente: “El Perú es Lima, Lima es el jirón de La Unión, el jirón de La Unión es el Palais Concert, y el Palais Concert soy yo”… Viene a ser lo mismo, pero vale la pena recordar que el Palais Concert era como el bar de moda en Lima durante los años más creativos de Valdelomar. No se sabe a ciencia cierta en qué momento Valdelomar sentenció esta frase, pero lo que sí es una calumnia es que el pisqueño falleciera en un pozo de aguas servidas…

    También me parece excelente que Pedro haya mencionado el episodio que Herman Melville le dedicó a la nublada ciudad de Lima en la más famosa de sus novelas: Moby Dick.

    Si mal no recuerdo, la cosa iba así: siguiendo el rastro de la ballena blanca, el capitán Ahab llegó al puerto del Callao en una noche del invierno limeño, cuando el cielo es gris y muy deprimente. Lo primero que hizo fue enviar a algunos hombres a conseguir agua y alimentos para seguir con la cacería, y estuvo esperándolos sobre la cubierta del Pequod, hasta que amaneció.

    Horrorizado al contemplar el color “panza de burro” o “sábana sucia” del cielo limeño, Ahab reavivó todo su rencor hacia la odiada ballena blanca, y a gritos ordenó a los marinos del Pequod que soltaran amarras sin demora, para continuar su obsesiva persecución, abandonando a los hombres que habían desembarcado en el Callao para buscar provisiones. Ahab lo hizo porque el cielo de Lima le recordó el enfermizo color de Moby Dick. Ahora bien, ¿qué fue de los hombres que se quedaron en tierra? Creo que la novela no lo menciona, pero siempre me ha atraido la idea de construir una ficción que gire en torno a lo que les pasó a estos marinos, abandonados a su suerte en la ciudad de cielo gris.

    Saludos para todos los amigos de Martín, y también para el mismísimo Martín, a quien conozco desde las buenas épocas en que trabajamos juntos en el diario El Comercio.
    Hermano, fue un placer tenerte en Lima y conocer al gran Joaquín. Aunque sigo un poco macerado por los buenos vapores de los pisco sours que bebí anoche, te digo con agrado, Martín, que se respira un muy buen ambiente en tu blog. Volveré con frecuencia.

  3. Caray, creo que entre Patricia, Pedro Patrón y Oscare iremos recordando cosas extraordinarias de nuestro país, nuestra ciudad, nuestra literatura (de la que Oscar es parte importante actualmente) y de nuestras tradiciones. Les agradezco mucho a los tres y a quienes vengan en el futuro a poner su granito de arena. Sobre Valdelomar -que casualmente vivió buena parte de su niñez en Pisco- , resulta increíble saber que cuando murió con sus 31 años, había escrito cerca de 5000 páginas. Sin duda bastante más que otros escritores que llegan a una apacible senectud.

  4. Muchas gracias a Patricia y Oscare, por las correcciones (la verdad es que, haciendo las referencias de memoria, podría haber agregado un “si no me acuerdo mal”) y los comentarios.

    El tema del pisco me parece que también es interesante para reflexionar sobre “la cultura nacional”. Es una reivindicación que se tiñe a veces de nacionalismo y “anti-chilenismo”, aunque en definitiva tiene repercusiones comerciales importantes para una industria que (también!!!) se está moviendo con fuerza en nuestros país.

    Y no opino más. Lo dejo para abrir el debate y el cordial intercambio de ideas…

  5. Saludos a Patricia, Pedro y para Martín:

    Propongo que el director de este blog organice un café bar para discutir este tema tan espirituoso. Digamos que nos reunimos (virtualmente) a la 5 de la tarde (hora de España) y yo les hablo a la medianoche (hora peruana)…

    Pero eso sí…

    Todos con un poco de pisco peruano y aguardiente chileno para darle un poco de objetividad a la francachela.

    Paz y Buen Humor Todos los Días,

    Oscare

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