La hora peruana…

Nueva contribución de Pedro Patrón, esta vez con un tema de actualidad. Creo que se trata de algo que generará algunos comentarios. El mío será el primero, dicho sea de paso. Gracias por la colaboración y esperamos sus opiniones. Este es su texto (para leer todo el texto, cliqueen “Keep Reading” hasta que me entere cómo cambiarlo al español):

Ayer a primera hora, cuando llegaba apurado a una reunión en Barcelona, escuché por la radio que tenía puesta el taxista una noticia curiosa: el gobierno de Perú ha decidido lanzar una campaña para combatir la impuntualidad. Además de tratar el hecho como algo pintoresco, propio de un país tropical, los locutores vistieron la nota con datos de una encuesta de la consultora Apoyo… A continuación comentaré algunos aspectos más “vistosos” de un cable de la agencia de noticias Europa Press sobre el tema, pero que me llevan a algunas reflexiones que me hice hace unos años, cuando volví a vivir por unos meses en Lima, después de años en el extranjero.

Según la encuesta de Apoyo, citada por Europa Press, “el 91 por ciento de los habitantes de Lima apoya la campaña impulsada por el Gobierno de Perú para combatir la impuntualidad”. De acuerdo con esta campaña, denominada ‘Perú: La hora sin demora’, “a partir del mediodía del 1 de marzo, los peruanos sincronizarán sus relojes con la hora de la Marina de Guerra de Perú para intentar erradicar esta costumbre de la impuntualidad”.

Pero el cable va más allá y afirma textualmente “que [la impuntualidad] se ha convertido en una característica típica de la mayoría de los peruanos”. Para justificarlo, indica que según la encuesta el 44 por ciento de los limeños se consideran personas puntuales a pesar de que es habitual que lleguen tarde a reuniones, compromisos y hasta a sus mismos centros de trabajo, con demoras que pueden ser de 15 minutos o hasta de una hora.

Este es un primer aspecto que me gustaría comentar, desde la experiencia de haber vivido en lugares donde, en términos generales, la gente suele ser muy puntual. Sobre todo en Cataluña, donde desde mi punto de vista existe una verdadera obsesión por la puntualidad, basada en un respeto absoluto por el tiempo propio y el de los demás. En este sentido, la encuesta de Apoyo indica que a pesar que un 67 por ciento de los encuestados se ha mostrado de acuerdo en que ser impuntual supone una falta de respeto hacia las demás personas, un 15 por ciento indicó que ser impuntuales es una costumbre en el país y, por lo tanto, no tiene nada de malo.

Pero es que, en realidad, en el Perú llegar 10 o 15 minutos después de la hora pactada, ¡no es llegar tarde! Más allá del rigor científico, o el margen de error estadístico, a mi me da la impresión de que el tiempo discurre de una manera diferente en el Perú. Esto no es ningún descubrimiento, pero lo que sí es curioso es la concepción “métrica” y la manera como expresamos las cosas los peruanos. A mí me ha costado (y me cuesta) muchísimo que mi catalana mujer entienda, por ejemplo, la diferencia entre “ahora”, período comprendido entre el presente inmediato y un futuro indefinido, aunque relativamente corto, y “ahorita”, algo que es inminente, aunque tampoco precisa el momento exacto en que sucederá.

Otra cosa que me ha costado tremendamente explicar (recuerdo una noche que, entre vodka y vodka, intenté hacérselo entender a unos amigos suecos) es el concepto de la “hora exacta”. Para los que no la conocen, esta frase se coloca entre paréntesis al lado de la hora de un evento, sobre todo de los matrimonios, para indicar que no empezará media hora o cuarenta minutos más tarde, como es la tradición. Lo raro de la expresión, para alguien que nunca la ha oído, es que es un sinsentido porque no puede existir igual que no existe una “hora inexacta”. Pero pragmáticamente hablando, a nivel lingüístico sirve para indicar que la boda no va a empezar demasiado tarde… un detalle.

Los locutores del programa de radio en el que me enteré de la nueva campaña del gobierno aprista, comentaron también que “ésta se da en un país en el que el anterior presidente, Alejandro Toledo, se caracterizó, entre otras cosas, por llegar una hora tarde a cualquier acto público en el que participaba”. Esto es verdad, pero a mi me parece que no es la tónica general en el Perú. Mi impresión es que en el entorno laboral la gente es más puntual que en la vida personal. O en cualquier caso no creo que los peruanos seamos más impuntuales que otros. Es en la vida social en la que sí existe una total anarquía horaria, sobre todo entre la gente joven.

En Cataluña, por ejemplo, hasta crea ansiedad la rigurosidad con la que la gente se pone de acuerdo para hacer cosas. No existe espacio para la improvisación. Entre otras cosas, como los restaurantes y los bares SIEMPRE están llenos, es imprescindible ser muy puntual con las reservas para no perder la mesa o el espacio vital al momento de tomarse una “caña”. Pero aunque uno quede en la casa de algún amigo para comer una parrillada, los invitados normalmente llegan en torno a la hora de la cita, con un margen de 10 o 15 minutos, aproximadamente… y disculpándose, muchas veces. En el Perú, decir a un grupo de amigos que vaya a casa a cenar a las 9pm significa (por lo general) que a partir de las 9:30pm comenzarán a aparecer y seguirán llegando conforme avance la noche… y algunos no irán… y tampoco pasará nada.

Y así, acostumbrado en los últimos años a andar con suecos y catalanes (y amigos de otras nacionalidades, alineados puntualísimamente), cuando volví a vivir a Lima hace tres años me di cuenta de que había perdido una sana costumbre: la improvisación. Estando allí volví a disfrutar de parrilladas organizadas un día de semana por la noche, surgida de un comentario tipo “¿y si en lugar de ir a comer a la calle, prendemos la parrilla mientras vamos a comprar unas carnes y unos chorizos?” Ese tipo de cosas son las que hacen imprevisible vivir en el Perú, pero son las que hacen que la vida tenga una salsa (criolla) difícil de comparar con otras, muy organizadas, puntuales y rigurosas, eso sí.

Anuncios

7 comentarios en “La hora peruana…

  1. Bueno la verdad es que difiero un poco con las afirmaciones de Pedro. Yo creo que los peruanos somos realmente impuntuales… y cometemos un error si creemos que el resto también lo es y con eso quedarnos tranquilos. Porque en ese caso no enfrentamos un problema real y desesperante. Ahora… ¿el Gobierno quiere hacer una campaña? No quiero ni imaginarme cuánto dinero se usará para eso y sobre todo, tomando en cuenta el Gobierno que tenemos, cómo se administrará.

  2. Quisiera aclarar que yo no quiero justificar la impuntualidad, innegable, de los peruanos. Sólo quiero hacer algunas matizaciones y reivindicar “la dolce improvvisazione”…

  3. Pienso que la puntualidad es una de esas cosas del mundo desarrollado que impedimos nos disrumpa el andar tan tranquilo de los trópicos (incluyo a Roma, 21 Febrero con 16 grados)…

    En el caso del Perú falta como siempre la sustancia a la propuesta (¿knorr?): como está en boga hoy en día contar todo en dolares y centavos (como dice Rogelio Aguas todo se reduce a $ & ctvs) y en porcentajes, el gobierno debería explicar cifras de pérdidas hombres-mujeres-niños/hora, cuantificar ineficiencia, etc. A ver si nos sorprenden con las cifras.

    Ahora, que la Marina de Guerra se encargue de dar la batuta a este nuevo vals de puntualidad no me parece una buena idea. En estos tiempos de eficiencia se redoblarían los esfuerzos. Dejémoslo a la empresa privada que es tan eficiente, aunque a decir verdad vienen haciendo eso desde hace décadas y nada. No. No se trata de los heladeros D’Onofrio…esos suenan las cornetas por doquier y a tempoquier asi que no son de fiar. Más bien me refiero a la hora de sabor nacional dada por la bebida de sabor nacional, en gran parte de los 4000 km del Mar de Grau, a muy altos decibeles para que se escuche más que los olones que rompen la paz y tranquilidad del echarse a tomar sol. Es decir para hacer la experiencia del mar peruano más terrible, arena por todos lados que sólo sale tres días después (el analistadecuarta debe tener unos granitos por allí), mar peligroso y bullicioso, frio y muchas veces sucio, tenemos la hora Inca Kola.

    Ya sospechaba que eso de la hora Inca Kola no funcionaba. Dale que dale con la maldita hora del sabor nacional, que estoy seguro da la hora 23 minutos tarde, he alli porque estamos todos atrasados a todo.

    Entonces hay que simplemente pedirles que arreglen su hora (ellos sá que le den una llamadita a la Marina), den la hora cada 15 minutos. Y que por favor en invierno instalen parlantes en la ciudad, porque dar la hora en las playas en agotso (me consta que siguen funcionando) se enteran las gaviotas y los lobos de mar que no necesitan ser puntuales.

  4. Nein, nein, nein, la impuntualidad va mas alla de lo que dicen estos honorables analistas, la impuntualidad es un sindrome de autoimportancia de que cuanto mas tarde llegas mas trascendente te sientes, a esto creo que los sicologos le llaman Complejo de Cronos, ya que si revisamos la agenda mundial son los reyes, presidentes, primeros ministros, es decir los acostumbrados a ser importantes, los que, por lo general, llegan a la hora exacta. Somos los que carecemos de esa aureola angelical los que preferimos arribar algo demorados por el “por si acaso” o “por lo que diran” o “de pronto llego el primero”.
    Preguntaba a una damisela el por que llegaba tarde a todas las veladas y su respuesta me dejo de una pieza: porque de esa manera podia saber si habia otra que tuviera el mismo diseño y color de su vestido o cartera similar, ambas piratas por cierto. Y no se diga nada de la novia de la boda que muchas veces, con su considerable demora que puede superar una hora o mas, hace sospechar a todos que se ha escapado con el verdulero de la esquina o con el cobrador de la luz.
    Yo si creo que todo lo que se haga para llegar puntuales, en iglesias, salones, conferencias, ianuguracione, bodas y sepelios, es muy necesario pues nuestra impuntualidad es motivo de burla en todo el mundo, no solamente la peruana sino tambien la del resto de los americanos llamados latinoamericanos. Solo que si el reloj de la Marina se atrasa, somos un pais de sorpresas, entonces ahi si que estamos fritos y condenados a la impuntualidad pero oficial.

  5. Bueno yo soy puntualísima, pero no me molestan los retrasos de 5-10 min. Más me parece una falta de respeto.

    Tenía un novio al q lo citaba media hora antes de la hora q yo realmente quería y santo remedio. Si llegaba más tarde de la media hora simplemente, no le abría la puerta!!! Sabrás que eso acabó mal…

  6. Hace algún tiempo leí en el diario El País que los británicos, solemne ejemplo de puntualidad internacional, en promedio toleran hasta un retraso de 10 minutos sin que la tardanza sea considerada un ofensivo retraso. Yo creo que todo es un asunto de educación, por lo que, para acabar con la impuntualidad, opino que no hace falta sincronizar relojes, sino conciencias: hacer entender que la correcta administración del tiempo es, como los buenos modales en la mesa, una forma de demostrarle al otro su respeto por la vida de los demás.
    Lo dice alguien que nunca ha sido excesivamente puntual, pero que tuvo que entenderlo a golpes en un país extranjero. Y lo peor de todo no es sólo la impuntualidad, sino el descaro de que la gente asuma que es algo natural, que si llevas 40 minutos esperando es culpa tuya, no de ellos. ¿Por qué? Pues porque ese supone que yo DEBÍ haber confirmado la cita, después, haber LLAMADO para recordar que era hoy, luego para decir que ya estaba saliendo de mi casa al sitio, y después llamar de nuevo para decir que estoy en el lugar acordado esperando como un huevón.
    La propuesta no me parece mala, siempre que vaya en coordinación no sólo con una inversión publicitaria, sino con otras medidas, como por ejemplo, sanciones económicas a los empleados públicos, empezando por el Presidente, aunque sea simbólica. En el postgrado una vez me mostraron un artículo donde decía que en España, la Real Academia había “ordenado” a los diputados que se aprendieran las normas básicas de ortografía, esto es, en una frase, que APRENDIERAN A ESCRIBIR. La razón era que la mala ortografía eran causa de leyes fatuas, ambiguas, que impedían una correcta interpretación de la letra de la ley, ni hablar ya de su espíritu. Si eso ocurrió en la cuna de mi lengua materna, donde se precian de imponer las normas a pesar de ser la minoría, creo que es posible que la medida tenga un poco de espacio, siempre que se internalice que con la puntualidad ganamos todos.

  7. Suscribo lo que dice Pedro. ¡Viva la espontaneidad! A propósito del artículo, si todos los peruanos somos socialmente impuntuales, luego no somos impuntuales, ya que nadie tiene la sensación de esperar a nadie. Aunque suene esquizofrénico, soy partidaria de los dos relojes peruanos: el laboral y el social. ¡Que viva el relajo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s