El gran cambio.

Este blog comenzó en enero con la intención de reflejar un viaje de 3 semanas a Lima que resultó muy revelador. En los textos he intentado comentar algunas de las cosas que más me gustaron de mi ciudad y que ahora puedo relatar desde la distancia. Además, he recibido la colaboración de varios amigos que han ido participando con posts y comentarios. Ahora le toca el turno de mi buen amigo Pedro Truchado que estuvo hace unos días por esos lares. Suerte la suya, pero mayor la nuestra que podemos ahora leer sus opiniones y comentarlas. Los animo a hacerlo. Gracias por eso amigo… (Para leer todo el texto, cliqueen “Keep Reading“)

No recuerdo qué peruano iluminado dijo lo siguiente: “En todas partes se cuecen habas, pero en el Perú sólo se cuecen habas”. Magistral, ¿verdad? Acabo de pasar una temporadita en Lima, ciudad mía a la que sistemáticamente y por mil razones distintas me negué a volver, y he podido visitar a mi familia, a mis amigos, mis lugares, y constatar en vivo y en directo ese cambio, esa “bonanza” de la que todos, aquí y allá, estamos siempre hablando. Es verdad, el Perú está mejor. Y eso lo puede ver hasta el más pesimista de los pesimistas peruanos. Ahora, decir que el Perú está bien, eso ya es, como mínimo, una osadía. Hay más plata en los bolsillos y eso se nota. Los cafés, restaurantes, heladerías, centros comerciales y cines rebosan clientes. Familias enteras se sientan en la oscuridad delante de la enorme pantalla con más ganas de devorar la canchita y la gaseosa que de ver el último estreno; parejas empalagosas se llenan el estómago con helados de colores mientras pasean frente al acantilado, o, los más favorecidos, se alegran el paladar con los exclusivos platos de La Huaca o La Gloria. ¡Bien!, me alegro. Pero, ¿es eso señal de una verdadera mejoría? Para los más optimistas quizá sí. Para mí puede que por ahora sea sólo un espejismo, uno de los tantos que hemos tenido a lo largo de nuestra vida republicana, ya que el verdadero cambio lo empezaremos a dar si ese bienestar económico (olvidemos por ahora la mejora social, política o educativa) es sostenido y prolongado en el tiempo. No estoy descubriendo nada, ya lo sé, ni tampoco lo pretendo.

Tampoco intento quitarle la alegría a quien quiera estar orgulloso del Perú porque el país va saliendo del hoyo, pero, vayamos pasito a paso; creo que es mejor. Particularmente pienso que el cambio fundamental que sí se ha generado está en el estado de ánimo. Sí, el peruano hace más o menos cinco o seis años (quizá menos) estaba desmoralizado. Nos veíamos en la calle, en las combis, en el taxi, en las oficinas, en las casas, por todas partes moralmente hundidos. Hoy creo que eso ha cambiado, y no me parece que sea un cambio menor. Al contrario, es un paso importante. Quizá seguimos hundidos en el mismo pozo, pero para mí la diferencia radica en que, en lugar de estar mirando hacia el oscuro fondo, hemos hecho el esfuerzo de darnos la vuelta, de girar ciento ochenta grados y comenzar a mirar para arriba, hacia la luz… ¡oh, señor, vi la luz!, y tomarla como un destino. El truco está en continuar viéndola y no perdernos en el camino hacia ella. Hay que seguirla con obstinación, casi con la misma locura del fanático religioso que hipnotiza a sus despistados seguidores en la sala de un antiguo cine de barrio transformado en moderno templo sanador, o mejor (para alejarnos de estos personajillos exaltados por su supuesta fe) con el mismo ahínco de un cholo terco que corre descalzo a meter un gol en medio del arenal. Claro que si nuestro estado de ánimo en general es mejor, me dirá alguien, es porque hay un progreso económico, y tendría razón. Pero lo que sería importantísimo es que si nuestro crecimiento como país se ralentiza, si tenemos algún tropiezo, algún escollo, algún naufragio, no perdamos esa actitud que hoy hemos ganado y que deberíamos celar como a la más despampanante de nuestras novias. ¿Quién nos garantiza que Alan no se vuelva loco, otra vez, y comience a intentar nacionalizar incluso las nubes que pasan por encima de la Plaza de Armas? La verdad es que en ese sentido prefería a Toledo: dicen las malas lenguas (o buenas, según se vea, y a las que yo quiero creer) que cuando el cholo se pasaba de vueltas y entraba en crisis se perdía un par de días con sus botellas, sus amigas, sus sustancias prohibidas, y luego llegaba a sus compromisos en Palacio de Gobierno (dos horas tarde claro) más tranquilo, despejado, relajado; y podemos estar seguros que sin ninguna intención de nacionalizar absolutamente nada. Pero vamos a ser positivos y esperemos que García deje el Perú al menos tal y como lo encontró. Y recordemos que ya bastante hizo atajando al altanero de Ollanta Humala. El tener una actitud positiva ante las cosas es más un ejercicio del intelecto que de la mera emoción. Así que creo que debemos de estar preparados para momentos no tan dulces como el actual, e intentar seguir viendo el vaso medio lleno en lugar de medio vacío, si es que mañana las cosas no van tan bien como parece que hoy van. Insisto: mantengamos este buen estado de ánimo, creo que es fundamental para nuestro futuro. Y lo digo yo que soy un pesimista confeso y resignado a seguir siéndolo, pero es que la soledad te permite ciertos lujos. Voy terminando porque Martín, que es el jefe (habla Higueras), me ha pedido que no aburra. “Rapidito nomás”, creo que me dijo. El Perú está mejor, sí, pero los problemas fundamentales aún existen y no los vamos a erradicar de la noche a la mañana. Sé que nadie vuelve a su ciudad, a su país porque, por ejemplo, sus policías no se corrompen. Pero si algún día en Lima me salto la luz roja y el poli en vez de tener que rebajarse a pedirme un sencillo para su gaseosa y hacer como que aquí no pasó nada flaquito me clava la multa por andar pensando en las musarañas y fumarme el semáforo… ¡Dios, qué feliz voy a ser yendo al toque a pagar mi papeleta! Esa sí que va a ser señal de un verdadero cambio. Quiero estar orgulloso de Lima, de que sea una ciudad que funciona, una ciudad que avanza, que se desarrolla, que ve al futuro… quiero que Lima sea una ciudad de verdad. Y quiero que no sea sólo el lugar en donde está mi familia, mis amigos, mis recuerdos. Deseo que podamos querer al país por lo que será y no por lo que fue, que lo podamos querer un poquito más con la cabeza y menos con el corazón. Hagamos pues que en el Perú se empiecen a cocer más que habas. ¡Ah!, y fue César Moro, así que (quienes hayan sentido el impulso de la curiosidad) ya pueden ir saliéndose del Google… si quieren, claro.

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3 comentarios en “El gran cambio.

  1. Siempre me gusta poner alguna foto en los posts. Esta vez no lo he hecho a la espera de que el autor me recomiende alguna. Pero tampoco es tan necesario porque creo que Pedro nos hace una auténtica fotografía de la situación.

  2. A vuelo de pluma se me ocurre que la honestidad, la veracidad y la voluntad de construir deben ser algunas de los objetivos que lleven el Peru a superar sus dificultades que las tiene, a fin de cuentas, por ser aun un pais en desarrollo con tasas de crecimiento altas pero que no han tenido mucho efecto en esos dos elementos economicos negativos, el desempleo y la pobreza.
    Pienso que el Peru de 2007 no es, ni por asomo, el de 1968 en que casi nadie de ustedes habia nacido. El lejano año porque cambio muchas estructuras, unas pocas para bien y muchas para mal, todo hecho de buena fe seguro pero conducidas de una manera tal que no lo parecia. El cercano porque el optimismo ha resurgido de unos fondos que parecian sin salida.
    Sabemos de una Lima que ahora mejora cada año, de regiones nuestras que -salvo rara excepcion- se sienten mas descentralizadas y dueñas de su destino, de exportadores que llevan los productos peruanos con rumbos y presentaciones antes inimaginables, de importadores que traen material para construir nuevas inversiones e implantar industria moderna y competitiva, de cultura que no solo se basa en el pasado sino en lo que nuestra gente realiza en el presente.
    Pero lo que si necesitamos quitarnos de la cabeza es la persistencia de pensar siempre en un “papa gobierno”. Dentro de las leyes, debemos hacer lo nuestro pero sin pretender que cada vz que estamos en problemas nos lancen el salvavidas desde el ejecutivo o el legislativo.
    Pero tampoco debemos olvidar, nunca, es la salida sostenida de peruanos, muchos de los cuales gozaron de estudios y graduaciones universitarias , ya hechecitos, han partido hacia nuevos rumbos a entregar sus conocimientos en otros lugares que, a su vez, veran tambien a los suyos dejarl sus lares para buscar mejores oportunidades. Y eso, aunque parezca mentira, se ve cada dia mas en Europa misma.
    Efectivamente como lo dice el autor, cada gobierno debe entregar al proximo un mejor pais. Y para ello, hay que olvidar las decadas pasadas -o perdidas- en los que el pais o era una probeta experimental de tecnocratas teoricos o un lugar en donde unos pocos podian hacerse ricos en el termino de la distancia gracias a lo que todos sabemos que es.
    Felicito a Pedro Truchado porque al igual que Martin y mucha gente que conozco, regresan a sus actividades fuera del Peru, pero ahora con una percepcion de pais que no se queda unicamente en !que rico que se come!, sino en una vision en que se dice que la gente que uno conoce ya trabaja, que ha abierto un negocio, que planea mejoras en el ya establecido pues la gente compra mas y otros factores que nos hacen pensar que la primera mitad del siglo se antoja buena. Y eso hace decir !que rico que se vive!. Y eso es suficiente por ahora.

  3. A riesgo de ser prosaico en esta oportunidad, sólo quisiera hacer un par de similitudes: en Venezuela pasa lo mismo, creo que en la historia contemporánea no se había visto tan alto índice de consumo, lo que es bueno si se toma como referencia la venta de carros, las construcciones y las compras. Pero hay que ver un poco más allá. En Maracaibo, mi ciudad, la explosión de dinero en la calle no está proporcional al crecimiento de infraestructura pública: aunque recién asfaltadas, no hay nuevas calles, el servicio de agua sigue siendo deficiente y el aseo urbano deja mucho que desear. Creo que está allí, además de en la macroeconomía, donde está la clave para saber si el crecimiento de ahora no será el enanismo eterno de mañana. Echen un vistazo, me encantará saber cómo van las cosas por allá.

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