Este artículo de Analista de Cuarta fue originalmente publicado el 13 de abril de 2009 en el suplemento de Exteriores de Libertad Digital. (Aunque aquí se pueden hacer comentarios)

“¡Sí, lo está!” fue, probablemente, la afirmación que más se repitió durante la lectura de la sentencia contra Alberto Fujimori, el pasado día 7, y seguramente la frase más celebrada para los que esperábamos una condena ejemplar, dadas las pruebas irrefutables que se presentaron contra el ex presidente golpista del Perú.

La historia ha querido que la sentencia contra Fujimori (¿se le puede llamar ahora asesino, después del juicio?) se leyera sólo dos días después de cumplirse 17 años del autogolpe que lideró aquél para decapitar las principales instituciones de la débil democracia peruana. Hace algunos días, un compañero y analista político peruano residente en Barcelona me comentó que, para él, el Perú había dado con este juicio un enorme paso hacia la madurez, una opinión que comparto; aunque agregaría que ese paso ha sido inmenso.

Durante los años en que Fujimori fue presidente se perdieron muchos derechos. Los medios de comunicación, la gran mayoría de ellos, estaban al servicio de la infame dictadura fujimontesinista, previo pago de grandes cantidades de dinero, por supuesto, tal y como los famosos vladivídeos probaron en su momento. La clase política estaba completamente desprestigiada, y los ministros no hacían sino poner cara y nombre. El Poder Judicial estaba completamente instrumentalizado, y la institución recaudadora de impuestos fungía de cuerpo de presión contra empresarios que no estaban de acuerdo con el régimen. El Gobierno era Fujimori, y así lo quería él mismo. “El Estado soy yo”, que diría aquel. Básicamente, hizo lo que le dio la gana con el país.

Perú ha demostrado que se puede llevar a juicio a ex presidentes si éstos han cometido delitos. Ahora está probado (ojo, hablamos de pruebas, no de indicios, sospechas o presunciones) que Fujimori –ese alma gemela de Vladimiro Montesinos que, no lo olvidemos, escapó del país y renunció a su cargo vía fax desde Japón– fue responsable de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta y del secuestro de un periodista y un empresario, las cuatro acusaciones por delitos de lesa humanidad y contra los derechos humanos a que ha tenido que hacer frente. La pena ha sido ejemplar: 25 años de prisión, que serán cumplidos en febrero del año 2032.

Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori.La pena –tras 484 días de juicio y 161 sesiones– es dura, pero acorde con la Ley, lo cual demuestra la corrección de un tribunal, presidido por César San Martín, que ha recogido elogios por todo el mundo, tanto en los medios de comunicación como en las asociaciones que vigilan tan de cerca este tipo de procedimientos. En su introducción previa a la lectura resumida de la sentencia, el magistrado dijo: “Los cuatro cargos objeto de imputación se encuentran probados más allá de toda duda razonable, por consiguiente, la sentencia que se emite es condenatoria”; y añadía que esos crímenes constituyeron “la más grave y severa desvaloración de la persona”.

De esta manera, el tribunal encontró probado que los actos juzgados respondían a la política antisubversiva diseñada por Fujimori. El propio ex presidente, en su autodefensa, que realizó días antes de la sentencia, dijo: “No di órdenes militares, no di órdenes de carácter militar operativo”, pero por otro lado destacó su gran estrategia contra los terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA, regalándose todos los elogios cosechados por la misma. Lo que está claramente probado es que el Gobierno de Fujimori destinó partidas de dinero para la creación de grupos responsables de realizar “operaciones especiales”. En otras palabras, un grupo de aniquilamiento. Este grupo, llamado Colina, fue el encargado de dar muerte a unos individuos que finalmente resultaron no ser terroristas, tal y como se intentó hacer creer.

Los seguidores de Fujimori se echaron a las calles para defender la inocencia de su líder antes de que se leyera la sentencia. Tras conocer la pena impuesta, Keiko Fujimori, hija del condenado y segura candidata del fujimorismo en las elecciones de 2011, llamó a sus seguidores a protestar por la decisión judicial. Protestas que no estuvieron desprovistas de incidentes violentos, una práctica bastante normal en el fujimorismo.

Keiko Fujimori.¿Y ahora qué?

Keiko Fujimori ya ha anunciado que, de ser elegida presidenta, su primera decisión sería firmar el indulto de su padre. No es una práctica anormal ante casos tan graves para algunos presidentes amantes del autoritarismo. El mismo Fujimori dio una amnistía a los militares del Grupo Colina tras un juicio castrense que más pareció una pantomima para contentar a los pocos medios de comunicación que aún eran independientes en el Perú y que se empeñaron en investigar. Pero el indulto no le será tan fácil a la joven Fujimori, ya que se lo impiden leyes de derecho internacional. Para hacerlo tendría que desmarcarse de algunos convenios, algo que, no obstante, tampoco sería inaudito.

Lo que no duda nadie es que la nueva candidata del fujimorismo basará su campaña en defender la supuesta inocencia de su padre. Seguirá remarcando los logros de su Gobierno sin dar muchas explicaciones sobre su programa electoral, algo que ya hizo su progenitor en las elecciones de 1990. ¿Programa? Nada de nada. Cree Keiko que con eso será suficiente para convencer a la población.

Pero hay varias cosas que van en su contra. Algunas encuestas han señalado que la mayoría de los peruanos cree que Fujimori ha sido justamente condenado, y muchos se muestran satisfechos por la pena impuesta. Además, aún queda bastante para las elecciones, y antes el ex dictador será juzgado por los 15 millones de dólares que entregó a Montesinos antes de que éste huyera del país, en concepto de “compensación por tiempos de servicio”. Este caso afectará sin duda al fujimorismo, que ahora intenta presentar a su líder como una víctima.

Lo que sucede es que durante el megajuicio no se estaba analizando el Gobierno del condenado. No se estaba juzgando si fue buen o mal presidente, si ordenó o no la maltrecha economía nacional, si logró pacificar el país (pero Sendero Luminoso sigue asesinando) o si sus obras fueron importantes. Eso es tema de otro artículo. Se le juzgó por crímenes contra la humanidad y se le encontró culpable.

¿Está entonces probado que Fujimori fue responsable de esas matanzas y secuestros? Ahora ya no hay duda: “¡Sí, lo está!”.

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